Guía de captación · 9 minutos de lectura
La carta en el buzón no capta sola: prepara la visita. Pero una carta buena hace que abran la puerta la semana siguiente y una mala se tira sin leer. Aquí tienes seis modelos que funcionan (cortos, con datos de la calle y una sola petición), lo que no se puede poner y cómo saber, con un código por calle, cuál de ellas trae llamadas.
Funciona cuando habla de su calle y de su situación: una venta reciente en el portal, un cambio en los precios del barrio, una herencia en un edificio donde acaba de morir un vecino (con el respeto que exige). No funciona cuando es la misma para toda la ciudad («compramos su piso», «valoramos gratis»): eso lo reciben cinco veces al mes y se tira. Y no funciona nunca como canal único: la respuesta a una carta buena es de una o dos llamadas por cada cien; lo que la convierte es pasar por esa puerta a las dos o tres semanas.
Están escritos para adaptarlos: cambia lo que va entre corchetes, quita lo que no sea verdad y firma con tu nombre. Ninguno pasa de 120 palabras.
Este modelo se deja solo cuando el motivo es público (un cartel de se alquila retirado, un piso vacío desde hace meses): nunca se menciona a una persona ni un fallecimiento.
La única forma de saber qué carta funciona es que cada una lleve una señal distinta: un teléfono con extensión, un código de referencia («diga que llama por la carta azul») o un código QR que lleve a una página distinta por calle o por modelo. A los tres meses se sabe qué carta trae llamadas y cuál se puede dejar de imprimir. Sin medir, se sigue mandando la que le gusta al jefe.
El circuito que funciona es siempre el mismo: la carta un lunes, la visita a las dos o tres semanas («soy el de la carta») y la revista en la siguiente vuelta. Cada carta dejada debería quedar apuntada en esa puerta con su fecha, para que la visita salga en la ruta del día que toca; si no, se olvida y era un gasto de papel. En la guía de captación puerta a puerta está cómo se organiza esa ruta y qué se apunta en cada puerta.
Estatefy está hecho para esto. Todas las casas de tu zona sacadas del Catastro, la ruta de cada día en el móvil, tres botones para apuntar en la puerta, el argumentario a mano, las tareas de volver que salen solas y los cuatro números de cada agente en el panel. Y cuando llega el encargo, sigue: la web de la oficina, los portales, las firmas en el móvil y la venta, todo en el mismo sitio.
Cuesta 59 € al mes por oficina, con los agentes que hagan falta. ¿Ya tienes tu código? Crea tu oficina en un minuto.
Poca: una o dos llamadas por cada cien cartas buenas, casi ninguna con una carta genérica. Su valor no está en las llamadas sino en que abran la puerta cuando pasas dos o tres semanas después.
El sobre a mano se abre mucho más. Si son cientos, al menos el nombre en el sobre y la firma a mano; la carta puede ir impresa.
Se puede hablar del portal y de la calle («se ha vendido un tercero exterior en X semanas»), no de la persona ni de un dato que la identifique. Y sin dar el precio exacto de una operación concreta si el vecino no ha querido hacerlo público.
Como mucho una al mes, y siempre con algo nuevo que contar. Si el vecino pide que no se le deje más, se apunta y se respeta.
Escribes tu código postal, bajan todas las casas y mañana el equipo sale con la primera ruta. Un precio por oficina, sin permanencia y con 60 días de garantía.