Guía de captación · 10 minutos de lectura
Un agente nuevo se quema en la calle por las mismas doce frases. No por lo que le dicen, sino por no saber qué contestar y volver a la oficina con la sensación de haber molestado. Este es el argumentario que usan las oficinas que captan puerta a puerta: cada pega, una respuesta corta que no discute, lo que se apunta después y cuándo se vuelve.
Porque en la puerta no hay tiempo de pensar. La conversación dura veinte segundos, el propietario tiene la mano en el pomo y lo que salga es lo que se haya practicado. Un argumentario escrito no convierte al agente en un robot: le quita la parte de improvisar la respuesta para que pueda poner la atención en la persona. Y hace algo más importante: iguala al equipo. Sin él, la oficina tiene un agente que capta y cinco que reparten revistas.
Tres reglas valen para todas las respuestas: no discutir (una pega no es un no, es una puerta entreabierta), dar algo (un dato de la zona, un precio de venta reciente, un papel útil) y dejar la puerta abierta para la siguiente vez. Nunca un precio en el rellano: el precio es la valoración, y la valoración es la visita.
Respuesta: «Lo sé, casi nadie en esta calle vende ahora; por eso paso. Solo le dejo quién soy por si algún día usted, un vecino o alguien de la familia se lo plantea: en esta zona siempre hay alguien nuestro.» Se apunta: no vende (no no molestar: son cosas distintas). Se vuelve: en la siguiente vuelta a la zona, a los cuatro o seis meses, con otra excusa útil.
Respuesta: «Perfecto, entonces no le hago perder tiempo. Solo una cosa que le puede servir: las últimas casas de este portal se han vendido a … ¿le va bien el precio al que está?» Si tiene exclusiva, se respeta; si no la tiene, se le ofrece colaborar, no sustituir. Se apunta: quién la lleva y desde cuándo. Se vuelve: a los tres meses; muchas exclusivas caducan a los seis y muchos propietarios cambian de agencia entonces.
Respuesta: nunca «está caro». «Le entiendo: uno pone el precio pensando en lo que quiere sacar. Si en un par de meses ve que no se mueve, llámeme y le enseño con datos a cuánto se está vendiendo aquí de verdad; sin compromiso.» Se apunta: noticia con el precio pedido y la fecha del anuncio. Se vuelve: a los 60 días, cuando la falta de visitas ya ha hecho el trabajo.
Respuesta: «Es una opción, y hay quien lo consigue. Le dejo tres cosas gratis que le van a hacer falta igual: a cuánto se vende en su portal, qué documentos le van a pedir en la notaría, y mi teléfono para cuando tenga una visita rara.» Ese papel se llama «vender por su cuenta sin sustos» y es la mejor herramienta de captación que existe. Se vuelve: a los 30 días.
Respuesta: «Estupendo, entonces vamos bien de tiempo. ¿Le parece que le llame en …? Así le cuento cómo está el precio en ese momento y decide con datos.» Se apunta: es la noticia. Mes, motivo si lo dice (jubilación, traslado, herencia) y quién llama. Se vuelve: en la fecha, ni un día después. Esta puerta es la que se pierde cuando no hay sistema.
Respuesta: «Alguna razón tendrá, y probablemente sea buena. Yo solo llevo esta zona y vivo de que la gente de aquí me recomiende; no le voy a insistir. Me voy y le dejo tranquilo.» Y volver a los 45 días con algo útil, sin vender nada. La confianza no se argumenta: se demuestra volviendo.
Respuesta: jamás un número en la puerta. «Depende de la orientación, la reforma, la altura y de tres o cuatro cosas que desde aquí no veo. Si quiere, se lo digo en quince minutos y por escrito, sin compromiso: ¿mañana por la tarde o el sábado por la mañana?» Se apunta: valoración con día y hora, nombre y teléfono (que él te da). Es la puerta que se convierte en encargo.
Respuesta: sin rodeos, con el porcentaje, y enseguida lo que incluye: «El … % cuando se vende, no antes. Con eso va la valoración, las fotos, los portales, las visitas filtradas, la negociación y todo el papeleo hasta la notaría. Si no se vende, no cobramos.» El que pregunta el precio ya está pensando en vender: se le ofrece la valoración.
Respuesta: «Muy bien, entonces ya tiene una referencia. Una segunda valoración gratis no le va a hacer daño, y si coincidimos, mejor para usted: sabrá que el precio es el bueno.» Se apunta: quién valoró y en cuánto, si lo dice.
Respuesta: «Se lo dejo ahora mismo. ¿Le importa si paso en un par de semanas a ver si le ha servido?» Es una forma educada de decir que no; se acepta y se convierte en cita. Se apunta: revista en buzón con fecha. Se vuelve: a los 15–30 días.
Respuesta: «Hace bien. Soy … de la oficina de la calle …; le dejo la revista en el buzón y en ella va mi nombre y mi teléfono, para que pueda comprobar quién soy antes de nada.» No se insiste por el telefonillo nunca.
Respuesta: «Perfecto, no le molesto más. ¿Le importa darle mi teléfono, o prefiere que le deje una nota para él?» No se pide el teléfono del familiar: él tiene que llamarte. Se apunta: noticia, con la nota de quién decide.
La regla es que cada puerta quede en uno de cinco estados y, si hay algo más, con una frase y una fecha:
| Lo que pasó | Estado | Siguiente paso |
|---|---|---|
| No abren | Revista en buzón | Volver a los 30–45 días |
| No vende (pegas 1, 6, 11) | No vende | Siguiente vuelta a la zona |
| Hay algo (pegas 2, 3, 4, 5, 8, 9, 10, 12) | Noticia | Fecha, motivo y quién vuelve |
| Cita (pega 7) | Valoración | Día y hora en la agenda |
| Pide que no se vuelva | No molestar | Ninguno: se respeta |
Y siempre: solo se apuntan los datos que el propietario da (su nombre, su teléfono si quiere que le llames) y se le dice para qué. Lo explicamos en la guía de protección de datos en la captación.
Con un solo número: conversaciones por cada cien puertas, y dentro de ellas, cuántas acaban en noticia o valoración. Si de cien puertas se abren treinta y de esas treinta salen dos noticias, el argumentario va bien; si se abren treinta y no sale nada, hay que escuchar cómo contesta el agente (acompañarle una mañana vale más que cualquier curso). Si no se abren ni diez, el problema no es el argumentario: es la hora, el barrio o la presencia.
Un argumentario en un PDF en la oficina no sirve en el rellano. Tiene que estar donde está el agente cuando le sueltan la pega: en la ficha de esa puerta, en el móvil, con la respuesta a un toque y el botón para apuntar cómo quedó. Así lo lleva Estatefy: cada pega del catálogo tiene su respuesta y su «vuelve en», y el apunte queda hecho antes de bajar al siguiente piso.
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Se respeta y se ofrece algo útil: el precio real al que se está vendiendo en su portal. Si no tienen exclusiva, se ofrece colaborar. Se apunta quién la lleva y se vuelve a los tres meses, cuando muchas exclusivas caducan.
No. Un número dicho en el rellano se convierte en el precio que el propietario recuerda para siempre, y casi nunca es el bueno. El precio se da en la valoración, por escrito y con comparables.
Una por vuelta a la zona (cada cuatro o seis meses), siempre con algo útil y nunca si pidió que no se le molestara. La constancia educada es lo que convierte a los seis meses o al año.
Sirve como base común; cada agente lo hace suyo con sus palabras. Lo que no cambia es la estructura: no discutir, dar algo, dejar la puerta abierta y apuntar.
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